25 de diciembre de 2016

Así fue nuestra MONEGROS XXV...


Ya hace dos semanas que terminamos Monegros XXV. Tiempo suficiente para meditar y valorar como ha sido la Travesía más dura en la que hemos participado, y una de las mas duras que he conocido.

Llegábamos a diciembre con algo más de 600 km en las patas de nuestro equipo. Menos de lo que nos hubiese gustado. Las sensaciones eran buenas y los perros iban muy bien, fuertes durante los entrenamientos y recuperando sin problemas. Tal vez me hubiera gustado haber hecho algún entrenamiento más largo, ya que el máximo había sido de 26 kilómetros. Pero la duda principalmente era si podrían aguantar bien los 170 km de esta edición, con descansos más reducidos. Esto no lo habíamos entrenado y no sabíamos cómo iban a responder los perros.

Así pues, el objetivo para Monegros XXV era terminar con el equipo al completo. La versatilidad del formato Non Stop permite descansar lo que cada equipo considere necesario. Que además fuese por relevos aumenta los descansos mínimos: Mientras los otros compañeros, David y Jesús, estuviesen en marcha, nosotros descansábamos. Aún así, el reto era completar todo el recorrido, que incluso haciéndolo “por etapas” se preveía bastante duro.

Y así fue que nos plantamos en Peñalba el jueves, 8 de diciembre, dispuestos a ver como se nos daba. En cuanto a las posiciones de los perros en el tiro, la idea rotarlos para que los más avezados fuesen en posiciones cómodas cuando no estaban delante, de forma que hubiese en todo momento líderes descansados (en la medida de los posible) que pudieran dirigir al equipo.




TRAMO 1. Peñalba – Ermita de San Gregorio (26km). Jueves, 8 de diciembre (17h)
Comenzamos el primer tramo con Acme y Milvus delante, una apuesta segura ya las dos controlan muy bien las órdenes.

La niebla era cerrada cuando comenzamos a subir hacia la ermita de San Gregorio, por la noche la cosa se pondría interesante. En el musher meeting nos habían dicho que sobre el kilómetro 14 había unos mastines en una granja, y que podían estar fuera. Pensando en esto planificamos un descanso como medio kilómetro antes, para que los chicos estuviesen fuertes al llegar a ese punto y poder pasar rápido y sin incidentes.

A eso de las 19h llegamos a la ermita, ya de noche, con una niebla tan espesa que era imposible ver nada. En ese momento echaba a andar David. Nosotros hidratamos a los chicos, que habían llegado muy bien, contentos y sin signos de mucho cansancio. En cuanto estuvieron descansados, ración de comida y a dormir. Luego cenamos nosotros un excelente ternasco de Monegrillo a la brasa. ¡Gracias Nacho por las viandas!

Un rato después llegó David a la ermita y Jesús salía de Peñalba. Isis y yo decidimos echarnos a dormir un ratillo. Cuando despierto, la organización me informa que Jesús se ha perdido debido a la niebla, pero lo han localizado y sigue camino hacia la ermita.

TRAMO 2. Ermita de San Gregorio – Peñalba (31km). Viernes, 9 de diciembre (4h)
Previendo que Jesús llegaría más o menos en una hora, a las 3 de la mañana, preparamos a los perretes. Cuando llega, terminamos de montar y poco antes de las 4 emprendemos camino de vuelta hacia Peñalba. Comenzaba ahora la parte más dura de la Travesía, con dos tramos de más de 30 kilómetros, bastante duros, que con la niebla y el barro acumulado se podían hacer insufribles.
Tardis y Glück comandarían el equipo en este tramo.

Al poco de salir nos encontramos con Anne Sophie, que no sabía qué camino debía tomar en un cruce. Fuimos juntos durante unos pocos kilómetros, y al comenzar una bajada prolongada se quedó atrás. A partir de ahí la niebla se espesó aún más si cabe. Había que ir muy concentrado para poder ver el camino y saber donde estabas.Con el frontal apagado se veía todo negro, y con él encedido, todo blanco. No sé qué era peor. En muchos cruces daba la orden de girar a golpe de GPS, y en alguna ocasión me confundí y hubo que dar la vuelta, porque lo que me pareció un camino era la entrada a un campo. Ahora mismo no recuerdo en qué punto paramos a descansar un rato y dar agua a los chicos… sé que paramos dos veces porque gasté las dos botellas de agua que llevo en la mochila, pero la niebla ha borrado algunos recuerdos de esa madrugada…

A pesar de todos los contratiempos, en menos de tres horas habíamos completado los 31 kilómetros y estábamos en Peñalba. Los chicos algo cansados, pero contentos.

Les tocaba ahora a David y a Jesús hacer su parte. Yo debería haber descansado algo más después de haber atendido a los perros, pero con la emoción y el café del rincón Tiuna, me quedé esperando a que llegara David. Luego, conseguí dormir otro par de horas.




TRAMO 3. Peñalba – Peñalba (33km), Viernes, 9 de diciembre (17h)
La organización nos comunica que Jesús se había perdido, de nuevo "ayudado" por la niebla, y que no completaba el tramo porque sería demasiado esfuerzo para sus perretes. Nos entristeció porque nos habría gustado haber continuado haciendo relevos, pero la decisión era la correcta. David y nosotros decidimos continuar haciendo el resto de la Travesía “por etapas”.

El tercer tramo era el decisivo. Si lo terminábamos con el equipo fuerte y sin lesiones habría posibilidades de completar los 170 kilómetros totales. Era nuestra prueba de fuego. Milvus y Uhu serían los encargados de llevarnos a través de los duros 33 kilómetros hasta volver al punto de partida.

Había un punto del recorrido que me atormentaba, ya que en el tramo de esa mañana habíamos pasado por allí y había sido bastante duro. Era una subida muy dura y en bastante mal estado en la que tuve que bajar del quad e ir andando. A medida que nos acercábamos me iba resignando, pero una vez allí, no sé qué vieron, olieron o se imaginaron que había, que empezaron a tirar y subieron al galope… casí tuve que frenar, esquivando los agujeros y regachas del camino.

Fuimos haciendo kilómetros, chino chano, y en menos de tres horas volvíamos a estar otra vez en Peñalba, contentos y algo cansados, pero menos que por la mañana. Se notó que habían tenido unas 10 horas de descanso, y que lo aprovecharon.


TRAMO 4. Peñalba – Peñalba (24km). Sábado, 10 de diciembre (8h)
Después de la paliza del tercer tramo la tarde anterior, los 24 escasos kilómetros del cuarto eran como un paseo. No obstante, los chicos salieron sin demasiadas efusiones, no fuera que nos esperara otra “etapa reina”.

En esta ocasión, fueron Acme y Karma las elegidas para dirigir al grupo: Una parte de cerebro y otra parte de corazón… combinación perfecta.

El tramo era muy fácil. Casi todo por caminos anchos, con pocos desniveles. Sólo había una bajada en la que controlar al equipo porque era bastante pronunciada y con algo de piedra suelta. Paramos para hidratar antes del kilómetro 20. Cuando, poco después, llegamos al final del tramo que coincidía con otro anterior, al reconocer que estamos cerca del final, se animan y llegamos otra vez más al stake out de Peñalba en algo más de hora y tres cuartos.

Los chicos siguen fuertes y contentos, y la posibilidad de terminar el recorrido completo con todo el equipo, que en definitiva es nuestro objetivo, comienza a ser una realidad. Ya ha pasado lo más duro de la Travesía, pero no hay que dejar de observar a todo el equipo.

TRAMO 5. Peñalba – Peñalba (28km). Sábado, 10 de diciembre (17h)
Cuando sacamos a los chicos de la furgo después del descanso se les ve animados y contentos, pero sin grandes muestras de alegría. Comen y beben bien y nadie tiene cojeras ni ningún síntoma de lesión.

Siguiendo la planificación, Tardis y Milvus irían delante. Enganchamos a todos, y al salir, Tardis se hace la remolona mirando para atrás.. como diciendo “va a ser que no”. Tardis es una líder espectacular, nunca duda en los cruces, siempre trabaja, y lleva muy buen ritmo. Pero hay veces en que se bloquea y no camina. Yo digo que es “floja de mente”. Sabiendo esto, la solución es fácil: ponerla en un lugar más cómodo. Y así fue, la cambié con Acme, que estaba detrás de ella y tiramos.

Este tramo concidía con el primero desde el inicio hasta el kilómetro 15, y desde el 19 hasta el final, con el tercero. La estrategia fue la misma que el primer día: Paramos a descansar poco antes de la granja en donde estaban los mastines para poder pasar rápido en caso de apuro. No tuvimos problema allí, pero poco más adelante sí que nos encontramos con unos perros de unos cazadores que nos vinieron a saludar… en principio no demostraron tener malas intenciones, aunque nos costó un poco dejar de hacer vida social.

Cuando comenzamos la bajada ocurrió una cosa que me sorprendió muchísimo, y aún ahora sigo dándole vueltas. Milvus es una perra que va a hacer ocho años. Ya casi empieza a ser mayor para esto, y además, entre que siempre ha tenido facilidad para coger peso enseguida que me despisto con las raciones, y que es un poco vaguilla y en ocasiones hace “play back”, hace que no sea una de mis “preferidas”. Pero sí que es verdad que esta temporada estoy notando que cada vez que va delante se motiva y trabaja mejor. Además, es muy buena en los cruces.

Total, que en este tramo se reveló como una auténtica líder, llevando a todo el equipo con un ritmo muy bueno, que luego he visto que subió de 13 km/hora, y mandando, ella marcaba la traza y todos le seguían, incluso Acme, que iba a su lado, se veía que se dejaba llevar.Y esto después de más de 100 kilómetros en las patas.

Volvíamos a Peñalba en poco mas de dos horas. Yo estaba entusiasmado con todo el equipo, pero sobre todo con Milvus. Sirva esto –una vez más- para reivindicar a nuestros perros mayores, que pueden seguir trabajando a pesar de no ser tan fogosos y rápidos como las nuevas incorporaciones, y que lo hacen muy bien, con su experiencia adquirida con los años y los kilómetros.

Al terminar, la mala noticia es que Acme tiene dos uñas tocadas. Una, en la pata delantera izquierda se ha desgastado demasiado, y otra, en la trasera derecha, se ha inflamado un poco con el barro. Isis le cura. Al día siguiente por la mañana veremos como está.

Después, una buena ducha y mejor cena en La Posada. Luego a dormir y recobrar las fuerzas para el último tramo.

TRAMO 6. Peñalba – Peñalba (29km). Domingo, 11 de diciembre (8h)
Amanece en Peñalba con la misma niebla que todos los días. Ya estamos acostumbrados. Sacamos a los chicos de la furgo. Se les ve contentos y descansados. Comen y beben bien. Las uñas de Acme, que ha dormido con nosotros, se ven... aceptables. Podrá hacer el último tramo, con botines, naturalmente. Además, Isis me da unas barritas de nitrato de plata para intentar cortar la hemorragia si vuelve a sangrar.

Quedaba elegir la alineación final y sobre todo, quienes irían en cabeza. A Tardis, después del “renuncio” del día anterior prefería dejarla más atrás para no agobiarla. A Acme, con sus uñas pochas, la dejaría de team y sin compañero para que pudiese elegir mejor la trazada. Milvus había ido delante en el anterior tramo... así que de los “espabilados” quedaba Uhu. Su compañero al frente del equipo... sería Glück, por eso de ser hermanos… y porque siempre sale con ganas.

Arrancamos. Al poco de salir pasamos a Julio y poco más adelante vemos a Álvaro y a Elvis, que parece que va tonteando, pero no llegamos a cogerle. La primera mitad de este tramo coincide con el tercero, luego se llanea por entre unas carrascas –un paraje precioso por el que no había pasado nunca la Travesía y que disfruté, ya que los perretes llevaban un ritmo muy cómodo-, y el final es el mismo que el del segundo tramo.

Sobre el kilómetro 18 paramos a dar agua y veo que Acme ha vuelto a sangrar porque el botín está manchado. Aprovecho que Glück y Uhu se han liado en su ansia por beber agua, y que no van a arrancar dejándome tirado. Le quito el botín a Acme, le limpio la pata y le curo como puedo con el nitrato de plata. Compruebo que ya no sangra y le pongo un botín nuevo. Deslío a los “melones” y arrancamos de nuevo para recorrer los últimos 10 kilómetros de la Travesía.

A unos cinco kilómetros de Peñalba Julio nos pasa y seguimos detrás de él hasta terminar, completando el tramo en menos de dos horas y media, con los 172 kilómetros totales recorridos –que se dice pronto-.

CONCLUSIÓN:
De nuestro equipo, decir que los perros siempre nos sorprenden, que lo dan todo, y un poco más. Además, estos días les he visto un "cambio de chip", una "maduración", un pensar que "...como esto pinta que va para largo, vamos a hacerlo con calma pero bien...". Estoy orgullosísimo de ellos y del trabajo que venimos haciendo desde… desde siempre… Desde que empezamos con Trasgu y Rama. Esto no es cosa de una Travesía, ni de una temporada. Ni siquiera de la vida de uno solo de nuestros perros. Es toda la vida dedicada a ellos, dedicada al mushing.

Gracias Milvus, Acme, Tardis, Uhu, Glück, Karma y Bwca. Y gracias también a los que ya no están, pero que dieron sus pasos por este camino hace tiempo… gracias Jackie, Rillu, Trasgu, Rama, Wicco y Mowgly. Gracias también a los que vienen, Artron y Miette, porque son la esperanza, la consecuencia y la razón… de que esto no se acaba, de que seguimos adelante.

Gracias Isis… por todo… no sabría por donde empezar, y ni si podría terminar.

Muchas, muchísimas gracias a la ORGANIZACIÓN, por seguir dándonos la oportunidad de disfrutar en donde más disfrutamos. Nacho, Noemí, por todo el trabajo de antes, y el de estos días. Un 12 sobre 10, a pesar de que los carteles de San Gregorio no son tan grandes con la niebla… ¡sobre todo en comparación con Nacho! 

Gracias también al resto de gente que ha trabajado en esta edición, incluso a los que al final no han venido –vuestro grano de arena se ha convertido en un momento disfrutado por nuestro equipo-, y a los que sólo habéis estado algún rato. Especialmente gracias a Ramón, encantado de haberle tenido como Director de Carrera, además de su conocimiento y su experiencia, por su forma de ser, siempre agradable y amable, pero sin dejar de lado el rigor y la disciplina.

Gracias también al resto de participantes. Sin vosotros no tendría sentido nada de esto:
Sébastien, Anne-Sophie, Álvaro, Jesús, David, familia Bufer al completo, Jorge, Unai, Julio, Jordi y Juan Carlos. Gracias. por supuesto, a todos los handlers. 

Gracias, como no, a esas visitas más o menos inesperadas, pero muy anheladas, José, Nuria y Rosa, con todos esos recuerdos y anécdotas.

Y gracias también a los que no han podido venir, pero nos habéis seguido. Espero poder veros por aquí dentro de un año.

Monegros sigue, está viva. Más que nunca y a pesar de todo. Sobre todo a pesar de esos que creen que organizar este tipo de eventos es fácil y lo puede hacer cualquiera. Queda nuevamente demostrado que la humildad y el buen hacer da mejores resultados que la soberbia y la petulancia, que sólo desembocan en chapuzas.

Por algo Monegros ha cumplido 25 años. 


¡FELICIDADES MONEGROS Y QUE CUMPLAS MUCHOS MÁS!





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