15 de septiembre de 2010

Calma en la madriguera.

Esta mañana hemos entrenado de nuevo. Hoy para mí ha supuesto un esfuerzo más que otros días ya que estoy resfriado, y creo que incluso con un poco de fiebre. Ya ayer cancelamos el entrenamiento por este motivo, pero otra vez no podía ser.


Me he abrigado bien y hemos salido, como estos días atrás, sobre las siete y media de la mañana.
El entrenamiento ha ido bien, no ha habido nada especialmente interesante que señalar. Después de recuperar hemos desayunado, ellos su pienso al que he añadido un poco de atún en aceite en premio por su esfuerzo, y yo un café con leche y galletas… ¡qué rico!


Pero lo realmente destacable ha sido el silencio que reinaba en el patio un rato después. Tanto que he salido a ver si estaban bien y lo que me he encontrado ha sido a cinco perros tranquilos, relajados, descansando… daba gusto verlos, rezumaban paz, una visión que incluso confortaba. Hasta Trasgu y Acme, que no han corrido, estaban contagiados. Y sus miradas, serenas, calmadas...






Supongo que sí, que estoy encantado, tal vez enamorado de mis perros y me parecen maravillosos, y me alegro de hacer algún pequeño esfuerzo, que me es recompensado con creces.







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